Los Reyes Católicos

El conflicto sucesorio que se produce a la muerte de Enrique IV dio lugar a una guerra civil entre los partidarios de Isabel y Juana, pretendientes al trono castellano. En favor de Isabel se situaron algunas ciudades, como Palencia, Valladolid, Medina del Campo, Segovia, Avila o Toledo, además del reino de Aragón. A favor de Juana se alzaron Burgos, Atienza, Arévalo, Madrid, Alcántara o Trujillo.
El conflicto se hizo internacional con la entrada de Portugal y Francia, ambos en apoyo de Juana. Tropas portuguesas penetraron por el valle del Duero, estabilizándose el frente en la región de Zamora. En marzo de 1476, tropas de Isabel lograban tomar Burgos tras un largo asedio. Ese mismo año, el ejército de Fernando el Católico lograba una gran victoria cerca de Toro y, al mismo tiempo, se conseguía expulsar a los franceses de Fuenterrabía y detenerlos en el Rosellón.
La guerra continuó durante los tres años siguientes, salpicados de treguas y escaramuzas militares. En 1479 las tropas portuguesas fueron derrotadas en Albuera. Finalmente, el perdón a los partidarios de Juana y la firma del tratado de Alcaçobas-Toledo con Portugal dejaban el trono castellano en manos de Isabel.
Castilla sale muy fortalecida de la guerra. A la unión con la Corona de Aragón, aunque manteniendo instituciones diferentes, se sumará en los años siguientes la anexión de los reinos de Granada y Navarra, al tiempo que comienza su expansión por el Atlántico.

A comienzos del siglo XV, la Península Ibérica se hallaba dividida en varios reinos. El mayor de todos era Castilla, beneficiado por un largo proceso de reconquista en el que había ido añadiendo nuevos territorios. En Castilla, que contaba con una población estimada de 6.500.000 habitantes, existían pujantes ciudades, como Valladolid, Medina del Campo o Sevilla.
Le seguía en importancia el reino de Aragón. Con poblaciones como Barcelona o Valencia, contaba con cerca de 1.000.000 de habitantes. Limitada su expansión por el sur, los monarcas aragoneses emprendieron una exitosa política de proyección hacia el Mediterráneo.
Entre Castilla y Aragón, el reino de Navarra lucha por mantener su independencia, orientando su política hacia las alianzas con la vecina Francia. Con 120.000 habitantes estimados, su principal ciudad era Pamplona.
El último reino cristiano peninsular era el de Portugal, cuya población rondaría 1.250.000 habitantes. La principal ciudad portuguesa era Lisboa, beneficiada por un activo comercio atlántico.
Caso aparte era el reino nazarí de Granada. Presionado por Castilla, a la que debía pagar parias o impuestos, contaba con cerca de 750.000 habitantes, establecidos fundamentalmente en su capital, la ciudad de Granada. Acompañaban a ésta importantes ciudades comerciales, como Málaga o Almería.

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