Amor y Muerte en el Antiguo Régimen.

La idea que las personas tienen del Amor y de la Muerte cambia con cada cultura y, en este sentido, la Edad Contemporánea o el mundo en el que vivimos, heredero de la Ilustración y el Romanticismo, se distancia mucho de la Edad Moderna (siglos XV-XVIII)…  ¿Se enamoraba la gente en el pasado?, ¿cuál era la mujer ideal?, ¿era la muerte tan dolorosa como hoy día? o ¿por qué se preparaban en el pasado para “morir bien”? son algunas de las cuestiones que vamos a responder. Pero antes de pensar en estos temas, recordemos como era la sociedad en el siglo XVII:
Caravaggio. La vocación de San Mateos (XVII)
El siglo XVII se caracteriza por la pervivencia de la sociedad estamental, en la que los estamentos privilegiados, clero y nobleza, ostentan derechos y deberes diferentes al resto de la sociedad, eximiéndose por ejemplo del pago de impuestos al monarca. Cada estado social cumple una función concreta, bien sea rezar, luchar o trabajar por el mantenimiento de la sociedad. Pero, dicho cuerpo teóricamente armónico en su funcionamiento, se desajusta con cierta asiduidad como muestran las numerosas revueltas producidas en momentos de hambre y enfermedad. En este sentido, el siglo XVII es convulso pues es una centuria marcada por el aumento de la mortalidad debido a las innumerables guerras de religión y al recrudecimiento del clima, lo cual conllevó una sucesión de crisis de subsistencia, típicas del Antiguo Régimen, cuyas consecuencias se ampliaron por la expansión de la peste, al concentrarse un mayor número de la población en las ciudades que en épocas anteriores.
El CONCEPTO DEL AMOR.
Detalle de Madonna Sixtina. Rafael. Siglo XVI.
A diferencia del concepto contemporáneo del amor, éste no es en absoluto el motor del matrimonio o la pareja, que se forma sólo por el interés que provoca dicha unión para ambas familias y según las posibilidades de cada estamento, normalmente sin la opinión de los desposados. La familia es entendida como familia tradicional patriarcal y extensa, es decir, con frecuencia conviven varias generaciones en la misma vivienda, sobre todo en el caso del tercer estado que carece de muchos medios económicos (campesinos y burgueses) Además la autoridad la ostenta el varón, cuya fuerza productiva es muy valorada. En este sentido, la mujer es una carga para la familia debido a su menor capacidad de trabajo físico, por lo que requiere de una dote en el matrimonio, de forma que se  compense su supuesta improductividad.

El tipo ideal de mujer es hermosa, perferiblemente identificada con la figura materna, “una bella madre” a imitación de la Virgen María, y, por supuesto, sometida al varón. En este sentido la sociedad distingue entre mujeres “buenas” y mujeres “malas”. Las primeras son las doncellas o jóvenes casaderas que guardan su virginidad para el futuro marido, las mujeres casadas y fieles o las mujeres monjas que reservan su vida al Señor. Por el contrario, las “malas” mujeres son las adúlteras, las protitutas, las mujeres solteras que no han sido capaces de encontrar marido o la viuda demasiado “alegre” e independiente. La vida de estas mujeres es dura porque son penalizadas socialmente con el rechazo, el ostracismo o incluso denuncias al Tribunal de la Inquisición… con frecuencia las famosas “brujas” son este tipo de mujer.

Ideal renacentista de mujer: Simoneta Vespucci, modelo de diversos artistas.

Su nombre es Dulcinea… su hermosura sobrehumana, pues en ella se vienen a hacer verdaderos todos los Imposibles y quiméricos atributos de belleza que los poetas dan a las damas: que sus cabellos son oro, su frente campos elíseos, sus cejas arcos de cielo, sus ojos soles, sus mejillas rosas, sus labios corales, perlas sus dientes, alabastro su cuello, mármol su pecho, marfil sus manos, su blancura nieve.

Miguel de Cervantes, Don Quijote, 1,13

A pesar de que la moral social que penalice la infidelidad femenina, el adulterio es algo frecuente en el siglo XVII debido a la ausencia de amor en el matrimonio;  no en vano, Quevedo denomina al “Siglo de Oro” el “Siglo de los Cuernos”. Por ejemplo, existe el famonso epigrama escrito por el Conde de Villamediana burlándose del marido cornudo de la famosa actriz Josepha Vaca:
“Con tanta felpa en la cara,
y tanta cadena de oro,
el mario de la Vaca,
¿qué puede ser sino toro”
La sociedad del siglo XVII es además permisiva con la prostitución que se considera como un mal menor, que da salida a los deseos carnales de los varones. Así, en el Madrid de los Austrias están registrados más de tres mil prostíbulos ya que dicha actividad no estaba prohibida en absoluto y, de hecho, el mismo Felipe II la regula, decretando que las prostitutas no sean ni jóvenes doncellas ni mujeres casadas, para preservar su virtud, y que cada ocho días las visite el médico.
El matrimonio es más tardío para las mujeres del tercer estado que para la nobleza, siendo estas doncellas las únicas que casan apenas entrada la adolescencia y normalmente a cambio de una cuantiosa dote.  Frecuentemente se trata de un matrimonio muy desigual en cuanto a edad, la unión de una chica de trece o catorce años con un hombre mayor que ellas, el cual moldea su joven carácter a su modo pues, como señala Cervantes, “la mujer es un ser inferior” y que necesita por lo tanto la guía del varón. Las mujeres del tercer estado, que debían trabajar para conseguir algo de dote, entraban en la juventud antes de casarse y podían, si acaso, opinar un poco más con respecto a la apetencia de su pretendiente puesto que su unión no aportaba un gran negocio para la familia.
Murillo. Mujeres en la Ventana. Siglo XVV.
EL CONCEPTO DE LA MUERTE.
En la Edad Moderna, la muerte es concebida como un castigo de Dios por el Pecado Original de desobediencia en el Paraiso; pecado en el que, recordemos, tiene gran protagonismo la mujer que convence al hombre, en principio bueno y reticente, a comer el Fruto Prohibido del árbol. La Biblia explica que como castigo los hombres recibieron el trabajo, el sufrimiento y la muerte. Siguiendo esta idea, a raíz del siglo XIV con el gran estrago de la Peste Negra (1348) y sobre todo a partir del siglo XVII, la muerte toma forma de un esqueleto con guadaña o de una mujer siniestra tal y como es frecuente en nuestra cultura actual. Pero, en el siglo del Barroco el concepto de la muerte avanza un poco más pues comienza a hacerse usual la idea de igualdad ante la muerte, lo cual justifica en cierto modo la desigualdad que impera en la vida real. En este sentido la muerte es aceptada porque iguala a todos los estamentos, a nobles y campesinos, que en la vida son tan desiguales.
Miguel Angel. Capilla Sixtina: Pecado Original. Siglo XVI.
Se acepta que el momento más importante en la vida de una persona es el momento justo de su muerte porque es en ese instante en el que se decide si su alma irá al Cielo o al Infierno para toda la eternidad. Para ir al Cielo es fundamental confesarse justo antes de morir y así limpiar los pecados, por lo que la muerte súbita, repentina, es muy temida. Además, la sociedad es muy dura con respecto al suicidio porque se cree que el desgraciado condena su alma, por lo que no existe compasión hacia él.
Famoso es el caso de la joven Marie Jacqueline, que, estando embarazada se suicidó para escapar al deshonor. Su crimen fue declarado doble. Extraído el cuerpo del niño, fue enterrado en el lugar designado en el cementerio para los recién muertos sin bautismo; en camio, el cuerpo fue arrastardo por las calles sobre un enrejado, colgado por los pies con un letrero ignominioso y, finalmente, quemado, siendo sus cenizas esparcidas al viento para evitar la resurrección de su cuerpo en el Juicio Final.
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ars-moriendi
Tentación a la hora de la Muerte. Maestro E.S en 1450.
Existe una auténtica obsesión por cumplir el proceso de la “buena muerte” para poder acceder al Cielo. Para morir bien hay que seguir una serie de pasos y es ante todo necesaria la presencia de un sacerdote que ofrezca la extremaunción al enfermo. Hay que estar preparado para morir porque se piensa que justo en el último segundo de vida se aparece el Diablo al enfermo, quien permanece a los pies de la cama e intenta tentar al moribundo en el mismo momento de la agonía. En este diálogo que el moribundo mantiene con el Demonio es fundamental estar preparado y permanecer tranquilo para vencerle, ofreciendo las respuestas correctas que se han memorizado, a pesar de las espeluznantes descripciones que se hacen del Diablo:

Satán es un animal muy terrible, tanto por el tamañao desmesurado de su cuerpo como por su crueldad (Libro de Job)
Satán tiene grandes cuernos, sus cabellos están completamente erizados, su rostro es horrible, sus ojos redondos y llameantes, su nariz larga, retorcida y ganchuda, su boca desmesuradamente grande, inspira horror y espanto, su cuerpo es completamente negro (ídem)
En el momento de la defunción el alma escapa por la boca del moribundo en forma de parajillo, o como un niño desnudo, invisible a todos los presentes. Y entonces, en la habitación, se desarrolla una batalla entre ángeles y demonios, disputando por el alma del muerto. Sólo si el enfermo ha sido un buen cristiano, si se ha confesado a tiempo, si ha recibido la extremaución y ha ofrecido las respuestas correctas al Demonio, puede salvarse su alma.
En cuanto a la forma física de morir es también muy diferente a la actual porque la gente fallece en su vivienda, quien la tuviere, rodeados de todos los familiares más cercanos, incluidos los niños que asisten a toda la agonía del enfermo. Los familiares amortajan el cuerpo, lo velan una noche en la vivienda y lo entierran, como indica el cristianismo, esperando la Resurrección del Juicio Final. Si el personaje es importante, mucha gente acudirá al velatorio e incluso a la puerta de la casa, esperando que les caiga algo de comida.
Después comienza el entierro que es distinto al acual porque en el cementerio se entierran sólo los más pobres ya que todo aquel que puede lo hace en la iglesia, pagando un precio y siguiendo un estricto protocolo en una carrera por acercarse al altar lo cual ofrece más posibilidades de salvarse (por ejemplo, no es igual ser noble o monje, u hombre o mujer)  Las iglesias se llenan así contínuamente de tumbas, señaladas o sin señalar, por lo que periódicamente se limpian, especialmente en periodos de pestilencia en los que hay acumulación de cadáveres, llevando el exceso de huesos a la cripta y al osario. El estar en la iglesia y las misas pagadas tras la muerte son una garantía para el perdón de los pecados, por lo que todo aquel que se lo puede permitir deja pagadas misas de difuntos. Por ejemplo, en sus testamentos Isabel I de Castilla dejó pagadas veinte mil misas postmorten, y Felipe II treinta mil. En definitiva, se trata de un proceso de muerte público y asistido por todos, máxime cuando el personaje es de calidad, ya que la muerte se acepta como parte natural de la vida.

Valdés Leal. In Ictu Oculi, siglo XVII.

Si deseas conocer más sobre la historia de la Muerte accede a http://www.yorokobu.es/muerte/

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